Proyecto 03
Una revisión de la interfaz interna de soporte para que el equipo deje de pelear con el sistema y empiece a trabajar con él.
El dashboard anterior acumulaba capas de funciones añadidas sin orden. Cada agente abría la herramienta con una lista interminable de métricas que no usaba, y las acciones frecuentes quedaban enterradas bajo menús secundarios. El resultado era un sistema técnicamente completo pero inútil en la práctica diaria.
La revisión no buscaba añadir funciones nuevas, sino reorganizar lo que ya existía. Se trataba de entender qué pantallas se visitaban de verdad, qué filtros se repetían y qué información se consultaba solo por costumbre.
Durante dos semanas se registraron las sesiones de trabajo del equipo de soporte. Se marcaron las rutas más usadas, los atajos que cada agente había improvisado y los puntos donde la interfaz frenaba el ritmo. Con ese material se trazó un mapa de prioridades.
La propuesta reorganizó la pantalla principal en tres zonas: casos activos, consultas recientes y avisos del sistema. Los filtros más comunes pasaron a estar visibles sin desplegar menús. Las métricas globales se movieron a una vista secundaria, reservada para la revisión semanal.
Se trabajó con prototipos en papel primero, luego en pantalla, y cada cambio se validó con dos agentes antes de tocar el código. Nada se implementó sin antes comprobar que resolvía un problema real.
La pantalla principal pasó de mostrar 14 bloques de información a 5. El tiempo medio para localizar un caso abierto bajó de tres clics a uno. Las notas internas, que antes se guardaban en un campo oculto, ahora aparecen junto al historial del cliente.
La versión final se probó durante un mes con el equipo completo. Se recogieron comentarios por escrito y se ajustaron detalles menores: el orden de las columnas, el tamaño de los botones y el contraste de los avisos urgentes.
El dashboard no es una pieza de portafolio llamativa, pero es el tipo de trabajo que sostiene el resto: una herramienta que respeta el tiempo de quien la usa.
La lección principal de este proyecto es que una interfaz no mejora añadiendo opciones, sino quitando ruido. El trabajo de soporte ya es exigente; la herramienta no debería sumar fricción.
Este caso complementa los otros proyectos del portafolio: no es una pieza visual, sino una intervención sobre cómo se trabaja con una herramienta existente.