Caso de estudio
Un proyecto concreto que nace de una necesidad real: cómo recibir a un cliente nuevo sin perder la voz del estudio en el proceso. El portal no es un formulario más, es la primera página del cuaderno compartido.
Cada encargo empezaba igual: correos sueltos, referencias perdidas, notas que no llegaban. El cliente llegaba con una idea clara y se encontraba con un proceso que la diluía. Este portal ordena ese primer contacto sin convertirlo en burocracia.
La idea era simple: que el cliente suba sus referencias, cuente qué le molesta de lo que ya existe y defina el tono con palabras propias. Nada de casillas vacías ni preguntas genéricas. El formulario se diseñó como una conversación guiada, con campos que obligan a pensar en el proyecto antes de escribirlo.
El portal se armó con una estructura de tres pasos. Primero, el cliente describe el proyecto en sus términos. Segundo, sube imágenes de referencia o bocetos previos. Tercero, define qué quiere evitar. Ese último paso resultó ser el más útil: saber lo que no se quiere ahorra semanas de idas y vueltas.
Cada paso tiene un límite claro de texto y de archivos. No se trata de llenar un expediente, sino de capturar lo esencial. Las respuestas llegan como un documento ordenado, listo para trabajar, con las referencias separadas por categoría y las notas del cliente sin editar.
El portal incluye una guía breve de cómo preparar las referencias y un ejemplo de un proyecto ya completado. Ambos documentos se entregan al cliente antes de empezar, para que llegue con el material listo.
La guía explica qué tipo de imágenes sirven, cómo nombrar los archivos y qué información es imprescindible. El ejemplo muestra un caso real de una portada de fanzine, con el proceso de principio a fin.
El portal sigue en uso para cada encargo nuevo. No es un sistema cerrado: se ajusta según lo que cada proyecto necesita. La próxima versión sumará un espacio para que el cliente deje comentarios de voz, que muchas veces explican mejor que un texto escrito.